Germán Andrade / Óscar Vázquez
Germán Andrade: legado intelectual de Azcapotzalco
Quizás los últimos meses de Germán Andrade fueron de unas certidumbres e incertidumbres que lo mantenían en un constante ir y venir por diferentes lugares físicos, como mentales. Y es que el Dr. Germán Andrade fue un hombre muy polifacético que mantenía preocupaciones constantes entre una vida intelectual, una vida como luchador social, una vida fraternal y hermética, una congruencia con él mismo, una vida como formador y maestro, una vida personal entre mitos y realidades populares, un gusto metafísico como estético por el mundo otaku y oriental, así como su vida académica.
Los últimos meses que pude tenerlo tanto física (escasa, muy escasamente) como virtualmente cerca, fueron para mí de una extrañeza que después veré como de recordatorio hacia algunas de las cosas que él apreciaba y yo también, y de las que sentíamos una profunda responsabilidad. Durante el mes de junio tuvimos una charla profunda, entre chistes y risas con pozoles muy gigantescos y micheladas, reflexiones preocupantes sobre Morena, sobre su legado intelectual y mi trabajo que apenas daba a conocer. Le entregué mi libro Fin de sexenio, el cual vio con mucho entusiasmo. Germán Andrade fue de esos compañeros y amigos que siempre me animaron a escribir.
Germán Andrade apreciaba mucho la comida, como los lugares populares. En varias ocasiones Pablo Roa, yo y Germán pudimos acompañarlo en esos recorridos llenos de historia. Desde las quesadillas de la guerrero, sus compras en Tepito y la Merced, hasta los mercados populares de Azcapotzalco. La mejor manera de ver su congruencia con lo popular era al verlo fumar. Aún recuerdo sus cigarros de $15 o de $12, siempre fueron característicos de él, sobre todo los mentolados. Al igual que yo, fumar cigarros era una actividad deportiva y a veces hasta maratónica.
Tenía la congruencia de vivir entre lo autogestivo, su vestimenta lo delataba, era obvio que no quería apoyarse del capitalismo, aunque la ropa japonesa era su tentación. A veces padecía de tiempos oscuros de crisis económicas y otras de esplendor que compartía con sus amigos… al menos desde mis vivencias no era un hombre egoísta, sino muy comunitario. Así es como podíamos algunos amigos atestiguar su congruencia.
Germán Andrade fue un hombre de una vida solitaria y de reflexión, pero también de historias y vivencias personales comunitarias. Había un Germán público, colectivo, solidario, y un Germán en su soledad, en sus búsquedas internas. Ambas de una profundidad llena de contenido. Fue un hombre con muchos amigos, algunos de ellos incluso en la lucha social me hacían verlo entre el Quijote y Sancho, esto lo vi en varias ocasiones cuando lo veía junto a Alejandro Cadena, Vero, y otros amigos. Había un Germán profundamente idealista, y otro muy crudamente realista.
Para muchos de sus adversarios fue un hombre de claros oscuros ¿pero qué ser humano no está condenado a trabajar sobre su propia piedra? Ver sus dificultades me hizo saber que sabía trabajar sobre sí mismo y aportar al mundo con esas herramientas mal gastadas. Veía la filosofía desde un oriente, pero también desde su propio punto geométrico.
Es un personaje al que podría catalogar dentro de la moral nietzscheana, o la de José Martí, y es que Germán Andrade no solo se encontró entre grandes y entrañables amigos con los que aprendió mutuamente y que quiso mucho; sino que también de grandes adversarios y enemigos quienes lo odiaron y le temieron profundamente (algunos incluso no podían dormir tranquilos). Desde mi punto de vista, ambos son importantes para el crecimiento personal: el amigo en el amor y el cariño, la compañía; el adversario en nuestros propios defectos, en el valor y el coraje, en la crítica constante hacia nosotros mismos. Como diría José Martí: “Triste cosa es no tener amigos, pero más triste es no tener enemigos”. El Dr. Germán fue y lo sigue siendo un hombre de profundas divisiones, pero también de unificaciones espectaculares. Germán sabía crear incendiarios, entendía como pocos intelectuales el poder de las palabras. Era extraordinario.
Fundador como otros compañeros de Boletín El Mitote herramienta de lucha ideológica, crítica y de información, también inicio la necesidad que le parecía urgente por crear colectivos, talleres, cursos, ensayos, y poner el conocimiento al servicio de la gente, de la sociedad para una organización crítica. El Dr. Germán entendió como pocos que en tiempos de pandemia las modalidades y formas de organización política tenían que cambia, había que generar redes sociales, periódicos comunitarios, así como leer y escribir más. Esto fue lo que llevo a El Boletín el Mitote a ser una herramienta indispensable de información en Azcapotzalco. Pero también entendió que la lucha ya no sólo era física, sino cerebral, entendió de otra forma esa idea de Rafael Barajas El Fisgón, de “Revolución de las conciencias”. En sus últimos años incluso cuestionó críticamente las estrategias del Instituto Nacional de Formación Política.
Quedaron inconclusas muchas pláticas. Entre ellas discusiones sobre el diseño gráfico, ya que por recomendación de algunos alumnos me encontré con el libro Fundamentos del diseño gráfico de Wucios Wong, además de diseñadores como Ikko Tanaka y Shigeo Fukuda. De igual manera quería saber su opinión de Ryuichi Sakamoto, o personajes de la cosmovisión japonesa como Tomoe Gozen, y su idea sobre la película El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima (según yo se puede extraer una visión muy distinta de la Freud y el psicoanálisis si se articula a una visión no eurocéntrica).
Tenía perspectivas interesantes sobre el mundo otaku, quizás la vez que lo mostró con gran profundidad y con una coherencia que me sorprendió mucho fue en la casa de atención ciudadana Ricardo Fuentes (aún Virgilio Caballero), el 2 de mayo del 2019, en una exposición llamada México desde la mirada del animé japonés. Su afición al otaku fue tal que durante una de sus visitas de uno de sus amigo orientales este le dedicó un personaje llamado Germán Luis después de que plasmara este animé en Japón. También pude ver alguna vez sus palitos y cuchara de metal en un estuche genial del mismo material, esto mientras le presumía los palitos y el estuche de plástico que me había regalado esta exnovia otaku, Diana, en el 2020 y que consiguió en una expo de animé. Sus lentes también eran muy característicos en Germán, sobre todo porque los había traído de Japón. En tiempos atrás, Germán se había casado con una chica de Japón, y con ello tomando el mundo japonés como parte de su vida. Hacia un ramen solo superado por mi exnovia otaku.
En un inicio me era difícil entender su forma pragmática de la política (entre mis manuales de cabecera para entender la política práctica ha sido el clásico Maquiavelo) sin embargo, Germán Andrade no era causal, moral o desde una lógica de los intereses; sino que era muy psicológico, táctico, estratégico y geográfíco. Entendí, con el tiempo, su forma de interpretar la política cuando por accidente llegué a Sun Tsu y su libro El arte de la guerra. Ahí entendí que incluso desde su panorama había logrado pensar de una forma oriental. Es quizás el Dr. Germán uno de los pocos amigos que conozco que no era eurocéntrico, y era crítico de este panorama, era un extraordinario orientalista.
Germán Andrade trabajó durante mucho tiempo en una propuesta comunitaria sobre construcción histórica, una forma pragmática de historia crítica, planteamiento que traté de contrastar con mis ideas personales sobre la obra de Leopoldo Zea. Y es que el Dr. además de ser un otaku muy profundo, un luchador social, un orientalista, cocinero, un organizador de proyectos, fue un historiador de la mexicanidad también asombroso.
Esta dimensión de su vida se puede ver con gran esplendor durante sus años en el Instituto Mora, pero de igual manera durante el 2018 en los talleres que dio de forma comunitaria sobre temas como Historia de la masonería en México y América Latina, su Historia de Juárez, su visión sobre los liberales y conservadores, sus ideas sobre la Revolución mexicana, su visión histórica sobre la relación entre México y Japón. Incluso donó y pensó en donar en el Archivo General de la Nación antes de su muerte material familiar que estuvo íntimamente relacionado con los temas sobre México que expuso.
Su preocupación al final de su vida fue tal que no sólo escribió mucho, organizó mucho, reafirmó diferencias, y elevó amistades, admiraciones, estimas y cariños. Fue un hombre profundamente emocional y eso lo llevo a rencores y profundos cariños. Nació, creció, pensó, escribió y ahora vive en nuestras conciencias y en nuestros corazones.
Escribo esto a la memoria
de uno de mis más grandes maestros y amigos
Descanse en paz, maestro Dr. Germán Andrade
Ciudad de México, 13 de febrero del 2021

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