El pseudo-héroe moderno / David de la Rosa
El pseudo-héroe moderno
El narco se ha ganado una especie de adoración en la mayoría de nuestras comunidades, en especial en los adolescentes. En la zona metropolitana es común ver puestos ambulantes con películas piratas que cuentan historias del narcotráfico. Podemos ver portadas con fotos de personajes como: Joaquín “El Chapo” Guzmán, Edgar Valdez “La Barbie”, Miguel Angel Felix Gallardo “El jefe de jefes” etc. Los exhiben como héroes, de una manera irónica suelen estar a un lado de las películas de “Los Avengers”.
En un México hecho trizas por un antiguo régimen, lleno de pobreza, carente de actividades recreativas y con una educación que da mucho que desear. No sorprende que el sueño de empezar en una familia humilde y convertirse en un poderoso capo abunde en la mayoría de nuestros niños, jóvenes y hasta adultos.
Para el crimen organizado en las zonas urbanas es muy sencillo reclutar a estos jóvenes en cualquier colonia popular, mientras los medios les llenan la cabeza con narco-series, esas que empezaron a sustituir el viejo argumento de: el empresario de la casa se enamora de la empleada doméstica, y ella y toda su familia pasan a ser clase alta de la noche a la mañana, por el argumento de: nace pobre y se convierte en un poderoso capo sin carencias y con poder ilimitado. Después de esa lluvia de imágenes es sencillo reclutarlos para que formen parte de la pequeña organización local. Organizaciones siempre desechables, que le rinden cuentas solo después de varios pisos de la pirámide a los verdaderos cárteles.
En las comunidades rurales infestadas por el narco es más sencillo, ahí solo tienen la opción de sumarse a las filas de los cárteles o morir, no hay muchas opciones. Así fue como empezaron la mayoría de los grandes capos, siempre de orígenes humildes, con poca educación (las características perfectas para ser manipulados por diplomáticos protegidos).
La vida de estos aprendices de sicarios es muy corta, suelen durar un par de años, en los que viven con excesos, paseos en camionetas o autos de clase media con narcocorridos a todo volumen, no falta la del “Jefe de jefes” (canción que a Miguel Ángel Félix Gallardo no le agrado, ya que prefería la música instrumental y de mariachi). Después de un par de años de fama local, en su mayoría son acribillados o terminan en prisión. En nuestro país ya no es extraño despertar con la noticia del asesinato de algún joven conocido del barrio, que estaba viviendo “El falso sueño Caro Quintero”.
La historia de los grandes capos tampoco escapa del hecho de ser desechables, son hombre utilizados por grandes funcionarios del gobierno y esclavos del sistema que han ayudado a crear. Amado Carrillo “El señor de los cielos” es un ejemplo, fue dejado en libertad por Javier Coello Trejo “El Gordo”* a cambio de futuros favores, cuando perdió su puesto como subprocurador de Investigación y Lucha contra el Narcotráfico en la PGR y se empezó a dar caza a los líderes del Cártel de Guadalajara (actualmente Cártel de Sinaloa).
Un claro ejemplo de que dichos cárteles no son héroes del pueblo es cuando: El Cártel de Guadalajara entregó grandes sumas de dinero para apoyar al contra-nicaragüense (movimiento para desestabilizar al gobierno sandinista). Rafael Caro Quintero prestó un rancho en Veracruz para entrenar al contra-nicaragüense. Al triunfar el malévolo proyecto americano, fueron cayendo prisioneros los grandes capos del cártel fundado en Jalisco (ya no eran necesarios).
El ejemplo más famoso de que los capos solo son un instrumento es el caso de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Personaje que fue inflado y reconocido como líder del Cártel de Sinaloa (el antiguo régimen siempre preparaba a un chivo expiatorio**), mientras la población tenía esa idea, la realidad era que el verdadero capo era y es Ismael “El Mayo” Zambada, Joaquín Guzmán solo era uno más en su nómina respetado por su antigüedad en la organización.
Con las más recientes investigaciones y la detención de García Luna*** están saliendo a la luz nombres de altos funcionarios involucrados. El actual Gobierno de México en su lucha por mejorar este grave problema de “niños sicarios”, está llevando programas sociales a las personas más necesitadas. Ha creado el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro que brinda la capacitación en un oficio a elegir con un apoyo mensual. Se reformó el artículo 4 constitucional para que los programas a adultos mayores, niños y jóvenes con discapacidad y las becas para los estudiantes de familias pobres del país sean un derecho. Este hecho de justicia ayuda a esos sectores que antes eran olvidados y discriminados.
Esta es una lucha más entre las que nos unieron para formar un movimiento hace años, un movimiento que marcó la diferencia el 1 de Julio del 2018. Tenemos que lograr que los jóvenes conozcan a los verdaderos héroes de nuestro pueblo, como al Maestro Lucio Cabañas. Hoy más que nunca tenemos que estar unidos.
** Chivo elegido por los judíos en su fiesta de las expiaciones para descargar sobre él las culpas de todo el pueblo.
*** Secretario de Seguridad Pública durante el sexenio del presidente Felipe Calderón Hinojosa.
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