La historia la escriben los vencedores ¡A veces! / Roberto Chapa

La historia la escriben los vencedores
¡A veces!

Por Roberto Chapa Casas
Comité Sociedad,Valores y Cultura


1913: Asesinan a Francisco I. Madero, El Siglo de Torreón

Me gustaría hacer un pequeño análisis de la certeza de la anterior afirmación. Aunque hubo al menos cuatro generales inmiscuidos en el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez: Victoriano Huerta, Félix Díaz, Aureliano Blanquet y Manuel Mondragón, es obvio que no fueron ellos quienes escribieron la historia. En su momento histórico, fueron los vencedores al consumar sus planes de derrocar a Madero y colocarse en situaciones políticas de influencia, sin embargo, la historia los ha colocado en el bien merecido lugar que corresponde a los traidores. Cierto, la versión oficial, se sostuvo por un tiempo, pero acabó por desvirtuarse y eventualmente, la verdad salió a flote.

Madero, en su momento, fue el principal propulsor del inicio de la Revolución y triunfó, ocupó la presidencia del país, y Pino Suárez la vicepresidencia, pero no les dieron tiempo de escribir la historia. Madero se ha ganado el título de “Apóstol de la democracia” y fue víctima fatal de una conspiración en su contra. 

¿Porqué se me ha ocurrido tratar este tema? Porque nuestro tiempo parece reunir varias coincidencias: Madero era buena persona, incapaz de culpar a nadie o de aceptar que había una fuerte conspiración con la intención de derrocarlo, Madero confiaba en el pueblo, ya que estaba dando la oportunidad de solucionar múltiples problemas económicos y sociales.

Andrés Manuel López Obrador parece estar en la misma situación. Es una buena persona, un luchador por la libertad, y esa libertad implica que se puede conspirar contra él, que no va a culpar a nadie, y que confía en el pueblo para decidir los destinos de la nación. Creo que lo que está faltando aquí, es decidir quién es el pueblo. En mi opinión, somos nosotros.

En tiempos de Madero, el pueblo estaba sumido en la ignorancia política y en la de muchos otros conocimientos; las redes sociales no existían, los periódicos se difundían principalmente en las ciudades, y un alto porcentaje de la población, era rural, todo esto daba oportunidad a las cúpulas, de tomar decisiones y de llevarlas a cabo. El pueblo seguía por inercia, en la situación de “caballada” que le había asignado extraoficialmente Porfirio Díaz.

En nuestro tiempo, las cosas han cambiado, las redes sociales proliferan la difusión de las ideas, los periódicos son leídos por millones de personas, los teléfonos celulares están al alcance de amplios sectores de la población, solo que todo ello puede ser usado a favor o en contra. En nuestro tiempo tenemos, no solo adversarios políticos, sino traidores a la patria. En nuestra constitución está establecido que una persona que ayude a un extranjero en contra de la nación, pierde su ciudadanía, y sin embargo, sabemos de múltiples personajes que han pedido a gobiernos extranjeros su intervención para derrocar al presidente López Obrador. 

Estoy consciente de que no es una posibilidad cercana, pero veo que las fuerzas adversas se van uniendo para lograr sus aviesas intenciones.

Si Andrés Manuel López Obrador no quiere actuar en contra de ellos, es porque, como ya lo he dicho, respeta la libertad, pero además, porque confía en ¡NOSOTROS!, que somos la base, el pueblo, para contrarrestar ataques, agresiones e intentos de someter de nuevo a a sociedad a vivir bajo el decepcionante sistema neo-liberal.








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