Un sueño / Alex Cadena

Un sueño

de Alex Cadena

Colectivo Virgilio Caballero

 


Abro los ojos.

Aquel sueño de luces ficticias comienza a difuminarse. Ya poco recuerdo. Las visiones se escurren y escapan en raudos arroyos neuronales hacia el gran río del olvido. Algo aún retengo, recortes raros y muy locos del teatro onírico.

Es difícil, pero algo recuerdo.

Un enorme monstruo ciclópeo que brama como el rumor de muchas aguas me persigue. Salto, giro, corro, quiebro el curso, continúo, esquivo, caigo, me arrastro, levanto el cuerpo y retomo la huida. Parece imposible dejarle, el coloso aun con su lento caminar está siempre cerca de mí. Me estoy agotando.

Una sombra.

La silueta se mueve veloz a mi lado.  En su grácil andar me pregunta en susurros —¿Ayuda? —. Le respondo que sí con un apresurado movimiento de cabeza mientras corro sin parar. No distingo su rostro.

Me toma del hombro y me empuja, caigo al suelo con brusquedad. Quiero protestar. Volteo para increparle, pero callo al mirar a aquellos portentosos personajes delante de mí. El garbo ser obscuro que me habló se encuentra de pie frente al gran cíclope de blanca y escamosa piel. Mi repentino aliado lleva un extraño arpón dentado y el lechoso mastodonte reluce un pesado escudo triangular. Cara contra cara. Ambos listos para la batalla. Detrás de ellos, un escenario crepuscular sin árboles en donde se aprecian viejas montañas distantes como telón de fondo. Entonces, uno de ellos da el primer movimiento: la reacción del otro es inmediata…

Una laguna.

Mental desde luego, pues ya no recuerdo.

Muevo la cabeza de un lado a otro para deshacerme de la modorra y despedir los restos de memoria del sueño. No obstante, esta acción logra lo contrario, afloran aún más imágenes en mi mente.

Es dantesco. El ojo del gigante fuera de su cuenca sobre la tierra humedecida por un intenso rojo carmín; entre el globo ocular y el cuerpo inerte del coloso se yergue el esbelto ser obscuro y, ahora me doy cuenta, bate un poco sus grandes alas de mosca. Me regala una sonrisa generosa y cómplice… ¿cómplice de qué?

Entonces despliega por completo las alas y emprende el vuelo. 

No era claro saber de qué sexo era la criatura por la poca luminosidad del lugar, pero al momento de expandir sus características alas los contornos desnudos de su cuerpo irradiaron feminidad.

Creo que es todo.

No, no lo es porque justo cuando decido que esto ha sido todo, otras imágenes resplandecen de súbito detrás de mis ojos.

Mi mano penetra con violencia el interior del cráneo del cíclope; el ser con alas de mosca, magullado, yace a mi lado sobre el suelo; dejo caer el ojo maldito y el ser alado al fin se levanta con mi ayuda; luego vienen la sonrisa y las alas extendidas que se alejan en el horizonte.

Sí, ahora lo recuerdo todo.

Y ella, sigue volando, parece una estrella.

 

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