Del rancho de la Pachona / Alex Cadena


Del rancho de la Pachona

de Alex Cadena
 Colectivo Virgilio Caballero



El cielo se ha nublado. El ronroneo de las nubes anuncia la tormenta y Lorenzo Ilhuicamina mira por la ventana el brillo de un espectacular rayo. Poco después, el rumor de ondas sonoras del meteoro retumba con fuerza sobrada en sus oídos.

Será una de esas tardes. El clima ha complotado a lo largo de la semana y hoy, está visto, no será la excepción. Pesadas bolitas de agua en grandes cantidades, deformadas por la gravedad, comienzan a caer desde lo alto lo cual confirma el presagio. No podrá salir. Lorenzo Ilhuicamina suspira.

Se aparta del vidrio y camina hacia el librero. Algo bueno habrá aquí, se dice a sí mismo. Tantos colores que son libros y tantas lecturas pospuestas. Mueve azarosamente la mano hacia uno de ellos.

El designio de Huehuecóyotl, dios y diosa mesoamericana de la fortuna, es un viejo y grueso libro de tapa grisacea. Lorenzo Ilhuicamina opta por invocar de nuevo al dios de los caprichosos géneros y despliega las hojas del mamotreto para abrirlas por completo. Entonces este expone una imagen y sus letras:

"El ciudadano coronel Encarnación Ortiz, alias el Pachón, valiente americano que mereció las confianzas de Mina, en la batalla de Azcapotzalco, dando fuego a un cañón que quedó solo. Una bala nos privó de un soldado que fuera el terror de los enemigos de la patria."
 
Lorenzo Ilhuicamina asiente para sí con cierta sorpresa, precisamente vive a tan solo unas cuadras de la avenida que lleva el nombre del coronel. Nunca se había preguntado por quién y por qué el nombre de aquella vía que nace estrecha desde la colonia Cosmopolita para terminar su trazo en fusión perpendicular con el Circuito Interior, entre las colonias La Raza y el Arenal. La avenida del coronel insurgente es conocida alternativamente como Las Torres, pues a lo largo de esta se yerguen espaciadamente,  altas estructuras metálicas que sostienen el pesado cableado eléctrico de la zona.

La avenida Encarnación Ortiz en Azcapotzalco. Imagen de GoogleMaps


A Lorenzo dichas "torres" se le figuran más bien, gigantescos e impertérritos robots que sostienen en sus seis brazos, con resolución plena y marcial, los suministros vitales de este pequeño mundo que forma parte del sistema planetario de la Ciudad de México.

Cierra ligeramente el libro para leer la portada: Obras XII. Folletos (1824-1827) Joaquín Fernández de Lizardi, publicado por la UNAM. Se escucha el estremecedor trueno de un relámpago que ilumina fugazmente la habitación. La lluvia arrecia.

Lorenzo Ilhuicamina retorna a la página en donde observa la ilustración que representa al Pachón maniobrar el cañón en solitario con los cadáveres de compañeros insurgentes a sus lados. No lo dice el libro, pero el coronel Encarnación Ortiz más que operar el aparato de artillería en aquel día de 1821 su objetivo era rescatarlo y evitar que quedara en manos del ejército realista. Lo enlazaría para así remolcarlo e iniciar la retirada del bando insurgente que no veía condiciones, ante una pertinaz lluvia como la que caía en esos momentos en el hogar de Lorenzo, para un combate efectivo que enfrentara a los militares realistas que se resguardaban en la parroquia de Azcapotzalco. Sin embargo, en medio de la tarea de recuperación del cañón una inopinada bala envía al Pachón hacia los espacios celestiales. La muerte del coronel, que era querido y reconocido entre las tropas revolucionarias, enardecería de tal manera el ánimo insurgente que la retirada se tornaría inesperadamente en furibundo ataque en contra de los realistas. Es así, como se dieron las condiciones para la que fue: la última batalla por la Independencia de México.

Sobre el sofá, arrullado por el continuo rumor pluvial, Lorenzo Ilhuicamina se ha dormido con el libro abierto sobre el regazo. Las líneas finales dedicadas a Encarnación Ortiz hablan en voz alta en nuestra mente:

"...su apodo provenía de ser originario del rancho de la Pachona, del municipio de San Felipe Torresmochas, Guanajuato. Intervino con Mina en la batalla de San Juan de los Llanos y en las acciones del Fuerte del Sombrero y de Guanajuato. Se acogió a indulto después de la muerte de Mina. Volvió a pelear cuando Iturbide proclamó el Plan de Iguala. Murió en la batalla de Azcapotzalco el 19 de agosto de 1821."

Lejanas centellas eléctricas, apenas visibles desde la ventana del durmiente Lorenzo, despiden esta breve narración.


Imagen de Obras XII. Folletos (1824-1827) de Joaquín Fernández de Lizardi


Ver también...

Zárate, Julio. México a través de los siglos. Tomo III. La guerra de independencia (1808-1821), p. 742. Recuperado de http://www.archive.org/details/mxicotravsde03tomorich


















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