Economía Social y Solidaria / Chipo

Economía Social y Solidaria

Por Chipo

 Colectivo San Antonio

 

La pandemia del Covid-19 nos mostró lo frágil y débil que son los sistemas humanos.  Uno de ellos, y quizás de los más importantes, es el sistema económico en el que habitamos, me refiero al modelo capitalista, el cual no fue diseñado para salvaguardar a la humanidad, ni persigue el bien común, ni el bienestar social. Sus principales características son crear acumulación de riqueza para unos cuantos, lo cual genera una enorme brecha de desigualdad y pobreza, además, al crear una sociedad consumista  se dañan de manera irreversible a los recursos naturales del planeta.

La población que menos ingresos percibe ha buscado nuevas alternativas para subsistir. Algunas empresas han quebrado por los malos manejos financieros, y nuevamente el estado debe intervenir para salvarlos. Por lo que es necesario encontrar otras formas de organización y economías alternativas, donde quede descartada la auto-regulación de la economía.

Las formas alternativas de organización no son algo nuevo. En México hay muchas comunidades que por varias generaciones se han replicado estos sistemas, que demuestran que son funcionales los saberes de usos y costumbres que se puede mantener un equilibrio con la naturaleza, por lo tanto, son sustentables. Poseen esencia propia, no fueron modelos implantados ni importados, fueron hechos de acuerdo a las necesidades que la comunidad requiere.

Con el fenómeno de la pandemia pudimos observar que algunos núcleos de la sociedad se han organizado de manera autónoma, ya sea para ofrecer sus servicios o productos, para generar redes de apoyo entre vecinos. Es decir, se han generado respuestas y soluciones.

Son formas de Economía Social y Solidaria (ESS), las cuales tienen como principal objetivo el bienestar común a través de la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad. Por ello, la responsabilidad de cambiar al país no solo recae en el gobierno, el trabajo debe ser en conjunto y la población tiene la tarea de buscar nuevas estructuras y dinámicas frente a la voracidad del consumismo.

El movimiento de la Cuarta Transformación no debe quedarse en el discurso, debe transitar a la acción, nos corresponde generar las redes de apoyo para sobrevivir en colectividad; de esta manera podremos definir y autorregular la vida y el bienestar.

Las familias, empresas, organizaciones civiles e instituciones públicas y privadas deben abandonar los discursos de odio y discriminación, recuperar y regenerar los valores y la educación. Debemos aprovechar las herramientas que las nuevas tecnologías nos ofrecen. Hoy el país se encuentra más involucrado en la vida pública, por ende, cuestionar y luchar debe hacerse dentro de los límites del derecho ajeno. La comunicación debe prevalecer como la vía para construir puentes entre las diferentes esferas de la sociedad.

Las universidades públicas deben cambiar el enfoque de pensamiento en sus alumnos, dejar de crear seres autómatas, y orientar a las nuevas generaciones para que retribuyan a la sociedad el conocimiento adquirido.

Hagamos el esfuerzo, seamos auto-suficientes y entonces estaremos en el camino hacia una genuina soberanía.

         


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