El libro de la semana / Alex Cadena

El libro de la semana
Remendado el  05/07/2020

de Alex Cadena
 Colectivo Virgilio Caballero





He comprado un café y me siento en una de las bancas disponibles de este precioso parque en Azcapotzalco. Siento la frescura de la mañana. El característico aroma que llega del envase caliente relaja y alegra el luminoso día. El ir y venir de la gente, tan diversa en vestidos y colores, dota al verdoso entorno de una interesante cromática. De un árbol a otro una grácil ardilla salta y arrastra consigo una cáscara de plátano, tal vez en búsqueda de un cómodo lugar para degustar su dulce hallazgo. Es un buen día, sí, es un buen momento...

Escuchar de pronto las palabras exaltadas desbordarse de la pantalla me devuelve a una realidad muy distinta, menos colorida, sin bullicio ni multitudes; estoy solo frente a fantasmas virtuales. Entre cuatro paredes y con la vista hacia el monitor miro el rostro del señor Trasímaco exponer sus  desencantos y fantasías frustradas.

Suspiro para mis adentros y regreso de mi retiro imaginario a lo veraz virtual: la plática grupal en línea que gira en torno del libro de la semana. Así es, se trata de un círculo de lectura que ha tenido que hacer uso de estas tecnologías que acercan las mentes pero alejan los cuerpos. Todo gracias al bichito ese: COVID-19.

Pero el libro de la semana ya no es el tema...

Trasímaco, apasionado, continúa.

—...son muchos años los que llevo en el aparato burocrático, en las oficinas de justicia y, créanme, ahora que supuestamente ha llegado la transformación no veo aún los cambios: las malas prácticas siguen presentes. De qué se trata. Sí, comprendo que muchos de ustedes han apoyado, incluso desde la calle, a la Cuarta Transformación y los respeto por eso. Pero lamento decirles que la corrupción aún persiste con todo y 4T.  A mí, la verdad la verdad poco me falta para tirar la toalla. ¡Es tan  decepcionante que...

—¡Señor, pero Andrés Manuel no puede hacerlo todo! —replica e interrumpe doña Martina.

—¡Pero no se trata del trabajo de un solo hombre! —replica — y me das la pauta para afirmar lo grande que le queda este papel — concluye.

Alguien responderá. 

Después de la pausa prolongada por la perorata anterior, Hiroshi Pérez, quien dirige el círculo de lectura reactiva la garganta con un leve ejem, ejem. Ahora él aparece en la pantalla.

—Mire, Trasímaco —se ajusta las gafas —, sobre la corrupción que usted dice aún existe y se practica aún lamentablemente en plena 4T es algo que, a decir verdad, no me sorprende. Y le voy a decir por qué. Es pertinente recordar las palabras que dijera el anterior presidente, el del copete: la corrupción en nuestro país se trata de un asunto cultural. 

Algunos oyentes no dudan en levantar una o dos cejas. A mí se me cierra un ojo.

—Pero, a diferencia del ex mandatario —continúa Hiroshi — que utilizó esta afirmación para justificar su poco quehacer en ese y en otros muchos rubros, en nuestro caso esta idea nos ayuda a entender por qué el cambio no ocurre aún como quisiéramos. Sí, lamentable, se trata de una cuestión cultural en donde las viejas prácticas no acaban de morir y no lo harán de súbito, pero lo que sí se puede hacer es generar las condiciones para la transformación. En su posición, como figura mediática, el presidente es un referente importantísimo de lo que debe ser y hacer un funcionario público. Es trabajador, ¿qué presidente realiza conferencias de prensa diarias para informar, nada más por poner un ejemplo, y todavía tiene que enfrentar a una prensa sesgada porque ya no hay compra de plumas y alabanzas por parte del gobierno?, pero además, no sólo informa, también forma. Nos habla de la historia, no en actitud de pose y egomanía sino como una vía de enseñanza y reflexión para la población. Actos deshonestos antes, y ahora en su ejercicio como ejecutivo de la nación, no los hay por más que berreen y mientan con lo contrario sus opositores. Todo eso hace de él, además, maestro y guía porque nos muestra un camino a seguir para todos en general y en particular, repito, para el funcionario público.

Alguien tose, un oyente se estremece en acto reflejo gracias a COVID-19.

—Vamos, esto no es magia es un proceso en el que estamos inmersos todos. Rendirse cuando la carrera apenas ha comenzado no es, con todo respeto, razonable —concluye Hiroshi, quien mira de reojo hacia una dirección, tal vez el reloj. 

No obstante, Trasímaco decide insistir por otro derrotero.

—Disculpen que siga fuera de tema, pero debo decirlo. Cuando escucho al presidente hablar de la mujer como si ésta fuese el ser más incorruptible que hay. ¡Ja! No concuerdo en absoluto. Desde donde estoy bien que lo he comprobado; la corrupción no tiene género. Hombres y mujeres pueden ser  corruptos por igual y no encuentro razón alguna para colocar a la mujer en una posición de superioridad moral por parte del presidente. ¿Por qué insistir en ello?

Nadie responde. Algunos ya están cansados, pues está por concluir la reunión justo con un debate político que le es ajeno a varios de los asistentes.





El home office, los compromisos lúdicos como éste, más un imperdonable desorden en los horarios personales hacen que mis pestañas pesen mucho más de lo habitual. La mente escapa de mi control y comienza a dibujar palmeras, una playa y un mar propios del sureste mexicano. Ahora estoy de pie con una de esas refrescantes bebidas en mano y estoy sintiendo cómo se hunden mis pies sobre la confortable arena blanca... 

El rostro de Luisa Vera, su otro apellido es Cruz, colorea el monitor.

—Profesor Hiroshi y compañeros. Quiero agregar algo. 

De nuevo de vuelta. Miro la pantalla.

—Me veo obligada a hacer una puntualización—dice Luisa —. Cuando Andrés Manuel habla de la mujer no lo hace tanto para destacar una superioridad del tipo que sea como nos señaló el señor Trasímaco. No, no es por ahí el asunto, por favor. En un país que, como bien hablaban, cuenta con ciertas inercias culturales aún por resolver, ustedes mencionaban a la corrupción, pues hay que recordar a otro maldito: el machismo. El discurso del presidente trata de posicionar, revalorizar y empoderar a la mujer en un país que todavía arrastra complejos, rechazos y maltratos hacia las personas por esa razón. No quiero abundar más, por el tiempo que ya lo tenemos encima, pero sí invito a tener una mirada más amplia sobre el tema y el actuar del presidente. Seamos, por favor, más reflexivos.

—Bien dicho, compañera —asiente doña Martina.

—Gracias, Luisa —habla el profesor a través de los pixeles —, quisiera recordar a todos ustedes nuestra próxima lectura, justo ahorita les estoy enviando el documento que...


—*—


Creo que me dormí al finalizar el taller, espero que haya sido así y no en el transcurso del mismo, pues olvidé apagar la cámara. Sigo durmiendo y aquí concluyo, aunque no sé cómo es que estoy dando término a este relato si estoy dormido.




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