Hacia una descolonización / Óscar Vázquez

Hacia una descolonización de la idea misma y la praxis en los Derechos Humanos

por Óscar Vázquez Muñoz
Colectivo Virgilio Caballero



 “Amo el canto del cenzontle,
   pájaro de cuatrocientas voces
   amo el color del jade,
   y el enervante perfume de las flores;
  Pero amo más a mi hermano el hombre”

                                             Nezahualcóyotl



Si bien, desde nuestro horizonte mexicano, latinoamericano, y desde nuestra preocupación desde morena y la Cuarta Transformación se hace una prioridad la necesidad de reflexionar, repensar y generar una toma practica en defensa de los Derechos Humanos, esta necesidad supone salir del horizonte eurocéntrico que hemos arrastrado por siglos. Esta necesidad por los Derechos Humanos no es nueva, ya que podemos ver desde tiempos atrás su vigencia y su necesidad. Sin embargo, son muchas las barreras y los retos que hasta el día de hoy seguimos cargando para su realización. Es por ello que desde mi punto de vista, si morena y su Secretaría de Derechos Humanos quiere hacer una importante aportación al tema, tiene que tomar un papel renovador y crítico en cuanto a su práctica, defensa, reestructuración para sanar el tejido social actual, así como repensar críticamente su papel y su contenido.  

Es importante mencionar que esta crítica, esta visión o testimonio de nuestros pasos por la defensa  y promoción de los Derechos Humanos no debe quedarse en los cajones arrumbados entre polvo y telarañas de la vieja teoría, sino en su renovación abierta e incluyente dentro de la praxis (renovación teoría-practica). Es decir, que entonces nuestro papel supone repensar y renovar la práctica de la defensa, promoción y reestructuración crítica de los Derechos Humanos.

Esta crítica y renovación de los Derechos Humanos supone retomar las críticas y reflexiones que nos precede, para generar un contenido más crítico y actualizado (que resuelva los grandes temas desde nuevos ojos y genere una práctica autocrítica). En América Latina por ejemplo, el tema de la víctima tiene un papel crucial, así como la exclusión, la negación histórica y la falta de integración a una auténtica comunidad global o universal. Esta experiencia no es solo nuestra, sino que no nos resulta nada ajena con la realidad de África y Asia. La sentencia que Leopoldo Zea hizo en sus obras Filosofía de la historia americana y en América como conciencia, nos sigue persiguiendo hasta el día de hoy, sentencia que decía algo así: “Hay una historia universal, la historia europea; hay una historia de la negación, la historia americana”. Aunque al maestro se le olvido decir que es justamente esta negación, la que nos emparentaba y nos sigue emparentando entre todos los pueblos, regiones o naciones donde la colonización y la idea de “barbarie” o “bárbaro” se hicieron y se sigue haciendo presente.

Y es que, aunque Estados Unidos y Europa se autoproclaman fundadores y defensores de una nueva corriente universalista, una corriente de narrativas humanistas y de libertades, la realidad muestra hechos muy contradictorios. Lo que en un principio o en algún momento de la historia, como en la Declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano firmado por la Asamblea Nacional Francesa en el año de 1789, suponía una vanguardia occidental, se ve ahora y en su momento en otras realidades opacada por las contradicciones, es que su visión sobre los derechos humanos era predominantemente europea u occidental (eurocéntrica), es decir, mantenía contradicciones de fondo tanto en su teoría como en su práctica, porque aunque Europa lanza esta visión, no se veía reflejada (y hasta la fecha) en los países que han sido periféricos a este continente. Simón Bolívar por ejemplo nota estas contradicciones entre teoría y práctica en las sociedades latinoamericanas, se da cuenta que hay una yuxtaposición entre nosotros y occidente. Otro ejemplo lo vemos en la violación a los Derechos Humanos que Noam Chomsky menciona en su libro de Piratas y emperadores, donde Chomsky además de darnos una visión distinta del concepto de “terrorismo” (una forma estratégica de dominación ideológica de Estados Unidos con el mundo), también nos habla de las formas en que los Estados Unidos han violado los Derechos Humanos en medio oriente. Es por eso que es importante que desde nuestro horizonte no olvidemos que el excluido, la víctima, el que ha sido arrojado a la cosificación y negación ontológica, es decir existencial, es la base misma y el fundamento dentro de nuestra experiencia en cuanto los Derechos Humanos. La mujer, el niño, el ser humano sin tierra, el transterrado diría José Gaos, aquel que pide asilo político, la victima del racismo, el pobre y desposeído, los que viven gobiernos militarizados,  son centrales dentro de los fundamentos mismos que tenemos que tomar críticamente.

América latina y en general los pueblos que han vivido negados por la visión europea u occidental, el intervencionismo estadounidense, el autoritarismo y los golpes de estado, han generado discursos como la descolonización epistemológica que es importante incorporar en proyectos en materia de educación y cultura en  Derechos Humanos. Esto supone que la actividad misma de la imaginación crítica tiene que servir para buscar y renovar los fundamentos teóricos y prácticos en cuanto a un panorama futuro sobre la relación actual de la práctica de los derechos humanos. Y esto desde una visión que contemple una critica a las ideologías, una reestructuración de la historia (desde el excluido y cosificado o negado),  repensar las utopías, generar  procesos de reorganización y reconstrucción del tejido social.

El problema ontológico de las diferencias supone un cuestionamiento al concepto mismo de universalidad o totalidad. Podemos encontrar en la teoría y en la práctica dos formas distintas del concepto. 1) La universalidad en sentido abierto; 2) La universalidad en sentido cerrado (o falsa universalidad).

Un sentido abierto de universalidad supone a la universalidad como la suma de las diferencias. Una universalidad en sentido cerrado como falsa universalidad, es decir como imposición, exclusión desde las fronteras ideológicas.

Hablamos del antagonismo entre ideologías de imposición (autoritarismo y mentira) y los sistemas de verificación epistemológica (es decir el dialogo o búsqueda con los otros). Con eso quiero decir que un sentido crítico de los Derechos Humanos tiene que integrar, tiene que sumar, tiene que cambiar o evolucionar hacia la vida, hacia la comunidad, hacia la brújula que solo el testimonio de la negación y de la víctima puede darnos, es decir es un dialogo entre las diferencias.

Una perspectiva crítica, filosofía, sistema, o actividad de la imaginación crítica no solo puede suponer a la imaginación como astucia de la vida, sino que la vida misma no solo como algo orgánico o biológico, sino como algo más que una mera existencia material. Es decir que “nuestra condición en el mundo”, no solo supone a la vida material, sino a su condición no aparente (subjetiva e intersubjetiva, cultural, llena de significados, en donde la felicidad, la esperanza y el anhelo, la sed de justicia también tiene un fundamento), pero no por inmaterial menos importante que la material, pues tanto lo material como inmaterial de nuestra condición es una unidad que nos relaciona o nos enfrenta con el mundo. Es decir, no olvidar esa resonancia material significativa, la huella trascendente en nuestro dialogo o parloteo con la existencia misma, el roce afectivo que solo la mano enlazada con la del otro da, los ojos mutuos que se miran y que descubre al dolor y la vulnerabilidad del otro, es decir, nos descubrimos en nuestra vulnerabilidad… “yo también soy humano, yo también soy como tú”.

Esto nos pone en un reto de gran importancia como comunidad periférica o alejada del centro, es decir el mundo no europeo (y el no estadounidense), el mundo que aun es negación. Nuestra labor como países que llevan la cicatriz de la colonización, el machismo, el eurocentrismo, el etnocidio, y la violación cultural, económica del control y la política corrupta que aun hoy arrastramos con las nuevas formas de la postcolonialidad, supone ir más allá de los retos actuales en materia de Derechos Humanos, con la finalidad de una critica exhaustiva a la realidad concreta y el marco mismo de la vida. Nuestra vida no solo es biológica u orgánica, es cultural, esta inmersa en la lluvia de las significación, en el templar, casi palpitante como el corazón, como entre las formas del significado y del sentido. 

José Porfirio Miranda, filosofo mexicano, en su libro Racionalidad y democracia, nos platea un reto que es muy interesante, su pregunta es ¿El hombre es por naturaleza hombre? Esta respuesta al menos desde Porfirio Miranda supone que el hombre es por naturaleza un ser moral.

Pero desde mi punto de vista esta moralidad, y si queremos verlo como moralidad para una comunidad auténticamente o con pretensión de universalidad, aun es un reto que mira hacia el futuro y las nuevas generaciones.

Hacer estos análisis y reflexiones desde los círculos de estudios supone poner en práctica estas concepciones, es decir, escuchar las diferencias. En este sentido la educación no es solo un derecho, es una necesidad de especie, es decir que a través de la educación conformamos o construimos nuestras condiciones de supervivencia y preservación. La forma de enseñar, acompañar, educar (este concepto no me gusta), o ayudar en el desarrollo mismo, el ir de la mano, es el reflejo de como   seres vivos, comunidad, especie responsable de nuestro entorno (o con tal pretensión, porque nuestra irracionalidad como especie ha afectado a nuestro entorno), enfrentamos la muerte. No es azaroso que filósofos o autores como Peter Sloterdijk nos hable de hordas o antropotécnicas, porque la educación y la cultura son algo mas que conceptos que se pueden comunicar de muchas formas, son la base misma de la generación de la vida humana, es carne, ideas, sentimientos, y significados en movimientos. 

Independientemente de las concepciones, leyes y visiones universalistas hacia los Derechos Humanos que Europa ha desarrollado, el mundo periférico desde la antigüedad ya ha desarrollado estas narrativas universalistas, de otredad o de comunidad, solo que el poder, el vencedor, el centro del sistema, las instituciones, marcaron sus propios intereses en ella, “su propia marca en el mundo, borrando la existencia de los otros”, es decir “borraron el testimonio de los Otros, para así ser Amos y Señores del único testimonio posible”… eh ahí la grandeza del “Hombre occidental”. Sin embargo, la palabra del Hombre occidental se puso entre papel, pero no se aplico. “Se dejo el pensamiento a la posteridad de la historia escrita, en un mundo de corrupción y de la continuidad de las mismas atrocidades”.

Aun si creyéramos en el relato de que Europa y Estados Unidos revolucionaron en muchos aspectos a los Derechos Humanos, o “que inventaron la idea misma de derechos humanos”, la realidad desde hace tiempo muestra muchas contradicciones, o incongruencias entre la teoría y la práctica. Nuestro papel, por ello supone la exigencia a la congruencia de los Derechos Humanos. El ojo encubierto del Otro que en su testimonio evidencia la contradicción de los Amos y Señores del Mundo.

Nuestro caso es complejo, y es que el reto de los fundamentos en la práctica, contenido y pedagogía de los Derechos Humanos en los países periféricos es doble, porque supone interrogantes que generan un rompimiento con nosotros mismo, y ponen en dudas la idea misma de “humanidad”. Aquí las cicatrices salen, y surge la pregunta ¿la subhumanidad que se nos atribuye y la negatividad del sistema en que nos encontramos es por naturaleza o esencia nuestra? o mejor dicho ¿el esclavo es por naturaleza esclavo?, ¿Qué nos hace bárbaros ante el mundo occidental? Es por ello que la reflexión sobre los Derechos Humanos, es doble: Supone una deconstrucción de nosotros mismos y por el otro una nueva práctica a través de una comunidad ética y epistémica entre la crítica, las denuncias, la rendición de cuentas, abierta y por tanto con pretensión universal.

Para el latinoamericano, así como aquellos que han vivido el tema de la colonización, la negación, la exclusión, el tema no les es ajeno, las preguntas ¿Que es el hombre? Y desde nuestra situación o realidad la pregunta ¿De qué derechos universales gozamos? Supone una toma de consciencia y autoconsciencia de nuestra condición de negación. La negación no solo es material, es decir, esta negación que despoja a los individuos y a la comunidad de sus condiciones necesarias de vida material, también  despoja de su pensamiento, su vida inmaterial, las huellas, el signo o el sentido, de los individuos y las culturas. Se despoja en todo los sentido de la humanidad a los individuos y a las culturas, se les enajena, se les programa de nuevo. Para nuestros pueblos y regiones entre latinoamericanos, mexicanas, y en general para los que hemos vivido la experiencia de la colonización, la primera pregunta es dolorosa, porque desnuda nuestra condición histórica a la que fuimos sometidos. No éramos hombres o humanos a la vista del Hombre occidental (desde la visión eurocéntrica y machista), sino seres en calidad de subhumanidad. 

Es por eso que uno de nuestros retos actuales si verdaderamente buscamos una Cuarta Transformación, si queremos reformular la izquierda en América latina, si creamos una Secretaría de Derechos Humanos en morena y en general en nuestra situación de excluidos, si queremos generar unas bases concretas como parteaguas en humanismo, supone pensar y crear una nueva racionalidad abierta constituida por una auténtica comunidad universal, que este conformada por todos los pueblos, regiones y naciones, así como creencias, lenguas y cosmovisiones, sin un eje central, patriarcal o hegemónico, mas que la alteridad del otro, con las víctimas, el excluido, y los alejados de la historia. El mundo indígena, el mundo de los pueblos, barrios y zonas originarias, el de la comunidad de las diferencias, es la base que no tenemos que olvidar, porque una autentica universalidad supone que el “otro es como yo” y que “todos somos iguales porque somos diferentes”, la diferencia, la pluralidad, la distinción es la base esencial de lo que somos, “somos iguales por ser diferentes”, mis experiencias son distintas a las tuyas, mi descendencia racial o cultural es distinta, pero igual a la tuya porque tu también tienes testimonios, circunstancias y procesos histórica o una cultura. Es por eso que no hay que olvidar que la  descolonización es un reto, que no podemos dejar lejos de una crítica y práctica dentro de los Derechos Humanos. No podemos seguir creyendo en lo que por mucho tiempo y ahora podemos llamar con sarcasmo e ironía “Milagro Griego”.



Fuentes consultadas:

  • Chomsky, Noam. Piratas y emperadores. Ediciones B.
  • Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano firmado por la Asamblea Nacional Francesa. (1789).
  • Dussel, Enrique. 20 tesis de política. Siglo XXI.
  • Dussel, Enrique. Ética de liberación en la edad de la globalización. Trotta.
  • Gonzales Villalobos, Manuel; Pérez Camacho, Christian Alejandro. “Memorias. Por una cultura de respeto a los derechos humanos en la ciudad de México”. Secretaría de Derechos Humanos de Morena Ciudad de México.
  • Porfirio Miranda. José. (1996). Racionalidad y democracia. Ediciones Siguemanca.
  • Sloterdijk, Peter. En el mismo barco. Siruela.
  • Sloterdijk, Peter. Normas para el parque humano. Siruela.
  • Zea, Leopoldo. Filosofía de la historia americana. Fondo de Cultura Económica.
  • Zea, Leopoldo. La filosofía americana como filosofía sin más. Siglo XX.
  • Zea, Leopolodo. América como conciencia. Universidad Nacional Autónoma de México.



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