La conquista / Belisario Aguilar

LA CONQUISTA

Belisario Aguilar Olvera

Comité San Antonio

Segunda entrega:

La conquista fue una guerra desigual. Fue el enfrentamiento de dos modos de producción diferentes. La sociedad del comunismo primitivo contra soldados del rey, es decir el feudalismo. Por eso, los españoles usaban la rueda y los animales como tracción, mientras los aztecas ellos mismos representaban sus elementos de carga. Los españoles utilizaban el acero y la pólvora, mientras las armas de los aztecas eran de madera, el arco, la flecha, los dardos y las hondas. Los españoles cubrían sus pechos con cubiertas de metal y los de los aztecas de plumas, ramas y madera.

Además, los aztecas creían pelear contra dioses malos, pero finalmente dioses, todo esto recordando a Quetzalcóatl, al que nunca conocieron, y realmente pelear contra dioses no es nada fácil. Esa ideología falsa pesó mucho en el ánimo de otros pueblos originarios que pensaron que su papel era pelear con los dioses y en contra de los"malvados" aztecas. Por otra parte, antes del sitio a la Gran Tenochtitlán, para amedrentar a los aztecas y a sus propios aliados, los españoles asesinaron a más de 30 mil indígenas en Cholula.

En cuanto a los aliados hay que aclarar el caso de los tlaxcaltecas, a los que se les acusa injustamente de traidores. Por una parte no existía lo que hoy conocemos como nación y patria, eran diversos pueblos enfrentados entre sí, y además, los tlaxcaltecas se dividieron en dos bandos: unos se unieron a los españoles y otros, la mayoría, se enfrentaron al invasor por su cuenta y riesgo.

Es natural que con armamento moderno para aquella época, con modos de tracción superior y con el pensamiento mítico de los aztecas, de luchar contra dioses, los españoles resultaran vencedores.

Independiente del resultado, fue una epopeya de nuestro pueblo original: los aztecas.

Finalmente hay que afirmar que un pueblo indígena noble se enfrentó a delincuentes sacados de las cárceles españolas.

Por todo eso, los mestizos debemos sentirnos orgullosos de nuestra sangre indígena de alto valor moral y de una valentía a toda prueba, como lo demuestra Cuauhtémoc cuando le quemaban los pies, y la cobardía española al salir como todo ratero con sigilo llevándose el oro y llorando todos ellos, no solo Hernán Cortés,  su estrepitosa derrota. Esa sangre indígena es la base, el cimiento de nuestra nacionalidad. 


*Epopeya del Pueblo Mexicano. Diego Rivera
                                       Palacio Nacional. Escalera Izquierda.

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