La democracia Mexicana, secuestrada por el INE / Germán Andrade (Segunda parte)
La democracia mexicana, secuestrada por el INE (Segunda Parte)
Colectivo Virgilio Caballero
En México, desde su independencia, Los norteamericanos, ingleses y franceses desarrollaron diferentes planes para que se implantara la democracia como forma de gobierno, en unos momentos apoyando el derrocamiento de los proyectos monárquicos, como el de Iturbide y Maximiliano, en otras ocasiones apoyando ya fuera a liberales o conservadores o aportando recursos y armas a grupos revolucionarios o disidentes, siempre en pos de una democracia a modo, que no es extraño fuera del tipo representativa, y de guerra en guerra detener el desarrollo del país imponiendo modelos económicos que una democracia participativa hubiera rechazado, ya que eran proyectos que afectaban a los pobladores.
El gran momento de la democracia mexicana al gusto de norteamérica, llegó con los gobiernos emanados de la revolución, pasando del PRI aplanadora único, al bipartidismo del PRI y el PAN, hasta llegar al multipartidismo de muchos sabores e ideas multicolores, pero todos acordes con mantener una representatividad que les diera un beneficio de la riqueza nacional, claro siempre y cuando no se metieran con los negocios del gran capital internacional. Solamente era necesario ir afinando una estructura de votación que les garantizara a los políticos, sus familias y amistades, la posibilidad de siempre ser electos, o la obtención de un buen empleo en la institución electoral, como diría la máxima del absolutismo “gobernar al pueblo, pero sin el pueblo”.
Convirtiendo a la democracia en otro negocio más para la clase política, para ganar o colocar a sus allegados, ya fueras en la Comisión Federal de Vigilancia Electoral de 1946, la Comisión Federal Electoral de 1973, el Instituto Federal Electoral de 1990 o el Instituto Nacional electoral de 2014. Mucho se ha discutido y sostener que gracias a estas instituciones, México ha transitado a la modernidad, teniendo un sistema de elección ejemplar ya que todos los ciudadanos contamos con una credencial para votar sustentada en un enorme aparato burocrático de actualización, en teoría hay la posibilidad de elegir entre muchos colores e ideologías, sin embargo en la práctica, son para ganar recursos públicos y hacer negocios, lícitos o ilícitos, escudados en los fueros de la democracia representativa.
Para muestra tres botones: Primero, hay muchas familias que han heredado de generación en generación, diferentes candidaturas, no importando si ganaban o perdían, ya que siempre había un premio de consolación en la estructura de gobierno. Segundo, cada elección surgían muchos partidos pequeños, que muchas veces perdían las elecciones por no obtener los porcentajes necesarios y posteriormente creaban otro partido, con nombre y colores diferentes, pero los mismos dirigentes, obteniendo los mismos resultados, pero eso sí, gastando los recursos que se les daban. Tercero, o quien no se acuerda de un partido ecologista que se volvió en el principal impulsor de destruir y sustituir amplias zonas verdes del país por complejos turísticos y residenciales, obteniendo muchas ganancias de por medio, y dejando a los poblados locales en la misma miseria de siempre.
Es así, que la democracia representativa sostenida por el INE y partidos políticos, permitió un sistema de beneficios y canonjías, donde la clase política podría sacar más dinero de las arcas nacionales, además de hacer muy buenos negocios, con extranjeros o entre puros paisanos nacionales. Visto de manera fría, el sistema democrático representativo, se fue volviendo, con el transcurrir de los años, en una forma fácil de obtener recursos públicos, hacer negocios y lograr una posición social muy por arriba del pueblo que decían representar. Donde la cosecha de votos y los campos de votantes, en cada elección, era el único trabajo que debían procurar, insistiendo, de cuando en cuando, que todos los mexicanos podían participar, pero solo votando, no decidiendo.

¿Sirve el INE? a México.
La página oficial del Instituto Nacional Electoral dice:
“El INE, además de organizar los procesos electorales federales, se coordina con los organismos electorales locales para la organización de los comicios en las entidades federativas. De esta forma, es más fácil para la ciudadanía participar y ejercer su derecho al sufragio”.
“El Consejo General del INE está integrado por 11 ciudadanos elegidos por la Cámara de Diputados. Uno de ellos funge como Consejero Presidente y los 10 restantes como Consejeros Electorales”.
“El INE cuenta con un Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) para asegurar la imparcialidad y profesionalismo de todos los funcionarios que participan en la organización de elecciones, tanto a nivel federal, como local. El SPEN garantizará que todos sus miembros cuenten con los conocimientos y méritos profesionales necesarios”.
Como habrá visto estimado lector, hemos resaltado algunas partes del texto en rojo, ya que son los aspectos que queremos poner a discusión, además de otros que nos ayudarán pensar para qué y a quiénes sirve el INE, aspecto que vamos a dilucidar en los siguientes puntos.
La democracia según el INE
El INE como una corporación que interfiere entre el Estado y el ciudadano
La Credencial de Elector un obstáculo a la identidad nacional
La democracia según el INE
En el texto antes citado, se aprecia claramente que en el INE es un organismo que desde su nombre y los principios, centra su atención en solo aspectos electorales, es decir una democracia representativa, donde la participación de los ciudadanos es para ejercer el derecho de sufragar. Nada de poder tomar decisiones respecto a las decisiones de gobierno o sobre asuntos que lo afecten, al contrario solo se le pide decida quién lo va a representar y a quien le va a delegar sus decisiones, dentro de un listado de candidatos decididos previamente en los partidos o por un grupo con poder de impulsar a candidatos independientes. Aunque estas vayan en su contra, como muchas de las veces ha sucedido. Llegando hasta el extremo, el Consejo Nacional de la Publicidad, a crear una campaña en 2006, que decía “si no votas, ¡Cállate!”, muy defendida por empresarios y gente de la farándula, que violentaba el derecho de las ciudadanas y ciudadanos a disentir sobre la importancia del voto y el manejo fraudulento de las elecciones.
(Continua)
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